sexta-feira, 12 de março de 2010

Cerro Torre - Pared Norte

Pared Norte, Maestri - Egger o Egger - Maestri, 1959
Durante la expedición del 58' Maestri hizo un reconocimiento aéreo del Cerro Torre y vió que una ruta en la cara norte era posible y que el col entre éste y su aguja vecina, (posteriormente llamada Torre Egger en honor al austríaco que moriría en esta ascensión) ofrecía un buen lugar de partida para efectuar un ataque final a la cumbre. Maestri y Cesarino Fava se hicieron buenos amigos en esta expedición y acordaron volver la siguiente temporada.
Con grandes problemas y esfuerzos económicos, Cesare Maestri vuelve a la Patagonia en la temporada 58-59'.
Al observar que la ruta elegida incluía mucha escalada en hielo, y que sus habilidades en este terreno eran limitadas, comenzó la búsqueda de un tercero de cordada. Pronto lo encontró en un joven y fuerte escalador austríaco llamado Toni Egger. Éste era el mejor alpinista de su país en ese momento y un completo escalador con sobresaliente aptitud para la escalada en hielo, habiendo realizado muchos y difíciles ascensos en los Alpes y Perú. Hoy en día se dice que la tecnica de Toni estaba adelantada 10 años comparado con los de su época.
Maestri y Egger se conocieron en un refugio de Las Dolomitas, e inmediatamente se pusieron de acuerdo para organizar la expedición a la Patagonia Argentina. Esta no empezó con mucha suerte. Tres días antes de partir, Maestri chocó su auto ya vendido, perdiendo mucho dinero. También perdió una contribución de la SNIA VISCOSA (industria de fibras) a manos de la segunda expedición de Walter Bonatti al Cerro Torre, la cuál luego no iría. Y en Buenos Aires una carta de la Embajada de Italia que pedía un avión para transportar la expedición, se extravió. Ya en Argentina el dinero que le quedaba fue gastado en conseguir un camión que tardó siete días en llegar a la estancia más cercana al cerro. Durante este viaje desapareció uno de los zapatos especialmente confeccionados para esta escalada. Una vez en la zona, al cruzar el río Fitz Roy casi pierde la vida al ser arrastrado por la corriente, como Jacques Poincenot, y para completar, Egger estuvo inmovilizado una semana por una infección en un pie, dejando a Fava, Maestri y al resto, los transportes.
Días más tarde montaron tres campamentos, y Cesare y Cesarino lograron equipar 150 mts. de la pared. Cuando Toni mejoró, él y Maestri trabajaron otra semana agregando cuerdas fijas hasta llegar al nevé triangular característico de la pared este, a 400m del piso, donde instalaron un depósito de víveres y equipo.
Hubo diez días de mal tiempo desde entonces, y recién el 25 de enero pudieron retornar al campo III en la base de la pared. Lo encuentran tapado de nieve, teniendo que cavar casi 15m de túnel para llegar al depósito fuertemente aprovisionado con víveres, sogas y más de 100 clavos.

Después de la última tormenta, el Cerro Torre estaba cubierto de nieve, pero el clima había mejorado y Maestri sentía que el momento decisivo había llegado. Los planes de Toni eran hacer un asalto final con comida suficiente para seis días aduciendo que sería más rápido y menos cansador. Así convenció al resto de hacer un intento rápido desde el col.
El 28 de enero suben las cuerdas fijas, sintiéndose tensos y nerviosos por la escalada que iban a acometer. Siguen por anchas fisuras heladas expuestas a la caída de piedras, pero que permitía al trío avanzar rápido con grampones y piquetas. Las fisuras terminan en la base del gigantesco diedro de la cara este. Desde allí, y para alcanzar el col, comenzaron una larga travesía sobre sistemas de rampas bajo el extraplomado pilar norte.
Maestri previamente lo había bautizado como 'Col de la Conquista' porque según él "en la montaña no existe la esperanza, solamente existe la voluntad de conquista, la esperanza es el arma de los pobres" (se cree que esta frase la dijo en contrapartida del "Col de la Esperanza" de la expedición de Bonatti del 58')
Ya allí, Fava decide bajar para darles a los escaladores más fuertes mayores posibilidades de triunfar. Ayudado por Maestri y Egger, Fava desescala la travesía y luego hace una larga serie de rapeles hasta llegar al glaciar. Pasan una noche clara en el vivac. El día siguiente amanece perfecto, Egger comienza a liderar los largos y Maestri lo sigue con la mochila más pesada. La escalada se desarrolla sobre finas capas de hielo y nieve, de un metro de espesor y a veces de tan solo 20cm.. Maestri relataba: "A cada paso toda la superficie de hielo a mi alrededor hacía un ruido sordo y hueco, rompiéndose en grandes pedazos que caían al vacío. Los tornillos de hielo entraban como en manteca y nos daban sólo una ilusión de seguridad. En cada largo cavábamos una pequeña plataforma para llegar a la piedra en donde no encontrábamos ningún rastro de fisura, entonces debíamos hacer huecos para clavos de expansión, y cada hueco necesitaba 500 martillazos para ser realizado".

Continúan 12 horas más, en las cuales según Maestri "sus vidas no valen nada", avanzando 300m en una pared de 50 a 60 grados de inclinación. Al final del día alcanzan una zona en la cual el hielo es de mayor espesor y consistencia, sintiéndose más seguros. En una terraza de nieve cavan e instalan el vivac.
Al tercer día el clima sigue bueno y Egger continúa liderando. Escalan mayormente por chimeneas de hielo protegidas del viento utilizando todas las técnicas sobre hielo que conocen, e inventando otras como cuando Maestri debió cavar un túnel en el hielo para evitar un extraplomo.
Cuando la pared norte se volvió muy vertical, la cordada traveseó hacia el filo noroeste. Este día trepan 250m y vivaquean en una cómoda terraza de nieve sin necesidad de encordarse. La cima se encontraba a solo 150m.
La mañana del 31 amaneció con viento fuerte y cálido. El barómetro de Maestri indicó que la presión había bajado abruptamente por lo que una tormenta se avecinaba. Allí comenzó una carrera contra el tiempo. Se alternan la punta mientras el viento sopla cada vez más fuerte. Maestri escala los últimos metros casi horizontales, luchando contra las ráfagas. Llegan a la cumbre exhaustos, comen, toman fotografías y dejan escritos sus nombres dentro de una lata que entierran en la nieve. Maestri relata: "he soñado mil veces con esta cumbre, pero ahora permanezco indiferente, embrutecido por el cansancio y con los nervios crispados. Desescalo esta cumbre sin ningún sentimiento de emoción y sin el menor rastro de disgusto o miedo".

A las 16 hs. comienzan a rapelar en un vendaval caliente que provoca avalanchas por todas partes. En tres rapeles regresan al último vivac. El ruido del viento era ensordecedor y Toni repetía a cada momento "espero no muramos de la muerte blanca". A la mañana mojados y fatigados continúan el descenso. Para hacerlo utilizan la técnica que consiste en bajar al primero y que luego rapele el segundo. Se descuelgan de hongos de hielo que ellos cavan y luego, cuando se acaba el hielo, deben poner dos pitones de expansión en el duro granito por cada relevo. Pondrían más de una docena en todo su largo descenso.

En un momento se equivocan de canaleta y continúan bajando directamente por la pared norte. Bombardeados por pedazos de hielo y azotados por el viento, luego de once rapeles, instalan tras un montículo de nieve su quinto vivac en plena pared. Recién al atardecer del día siguiente terminan de descender la cara norte y se unen con su línea de ascenso más o menos a la mitad de la gran travesía entre el gran diedro este y el col. Ya un poco más protegidos del viento y a tán solo 100 metros de las cuerdas fijas, Cesare encuentra una pequeña terraza y trata de convencer a Toni de pasar la noche allí. Egger sentía que el lugar era muy expuesto e insistió en que Maestri lo bajara para buscar un vivac mejor. Mientras lo hacían, una avalancha gigante, "como un soplo de muerte", arrastra a Toni quien trata de volver al relevo, pero los bloques cortan la cuerda y desaparece en el vacío para siempre.
Sin equipo de vivac, que también fue arrastrado por la avalancha, Maestri pasó otra noche más vivaqueando a "pelo". Al amanecer continúa bajando con los restos de cuerda que quedaron "como un hombre condenado. Quién indiferente a la vida o a la muerte va a ser ejecutado". Cerca ya del glaciar, se resbala y cae los últimos metros hasta el suelo, pero es amortiguado por la gran cantidad de nieve fresca acumulada y logra salvarse. No recuerda nada desde este momento.
Cesarino Fava abandona el campo III rumbo al II y encuentra a Maestri en la tarde del 3 de febrero tirado en la nieve, a 300m del campamento, delirante y al límite gritando "Toni, Toni!!!".
Maestri logra salvarse, vuelve a Italia y es reconocido como un héroe nacional. Según él, la empresa al Cerro Torre no fue una escalada sino un "juego con la vida".
Esta ascensión fue considerada por Lionel Terray ( primer escalador junto a Guido Magnone del Cerro Fitz Roy) como "la más grande hazaña de escalada de todos los tiempos". La escalada del 59' fue detallada en un completo reporte expedicionario, incluyendo una descripción técnica de la ruta y varios artículos en revistas.
En 1976, una expedición americana a la Torre Egger, liderada por Jim Donini, encuentra parte del cuerpo de Toni Egger, pero no la cámara de fotos (con tomas de la cumbre) que según Maestri llevaba Toni al ser arrastrado por la avalancha.
De ser cierta esta escalada se consideraria como la primera ascensión mundial de una pared GRADO VII.

Fonte: http://www.climbinginpatagonia.freeservers.com

Milton Marques
contato@miltonmarques.com