sábado, 4 de dezembro de 2010

SIN CHANCE. EL HELICOPTERO DE LA GENDARMERIA TAMPOCO PUDO DESPEGAR AYER POR EL CLIMA.

Si el hielo continental no lo tapara casi hasta la cima, el Nunatak Viedma sería una montaña. Pero es apenas una formación rocosa en medio del blanco. Ráfagas de viento que llegan hasta los 100 kilómetros por hora y nunca bajan de los 50, levantan la nieve y la escupen otra vez para volver a levantarla. Y así, el ciclo sigue y enloquece. Cuando esto sucede, la luz del sol es apenas un anhelo.

Pegados contra la roca, refugiados en una cueva de nieve hecha con las manos, los dos andinistas perdidos resisten junto a un grupo de doce rescatistas y el cadáver del compañero mexicano muerto. Saben que sólo un milagro podría acercarles un helicóptero, que no habrá más remedio que seguir caminando por el hielo y que allí tendrán que dejar el cuerpo de Mario Corsalini.

Ayer, esa era la situación Merlín Lipshitz y Damián Vilches, guía y ayudante que el mexicano Corsalini había contratado para cruzar el Campo de Hielo Patagónico Sur en una expedición de trece días y 130 kilómetros. El mismo viento que el lunes les había destrozado la carpa es el que impide que llegue el helicóptero de la Gendarmería.

El rescate está en manos de la Comisión de Auxilio de El Chaltén, un grupo formado por los propios andinistas y los únicos con capacidad para poder enfrentar situaciones de riesgo. La opción más cierta era ayer esperar hasta que los dos andinistas se recuperaran de la hipotermia para emprender hoy el regreso a pie.

A las 23:48 de la noche del lunes 29, Merlín Lipshitz alcanzó a mandar desde su teléfono digital la posición exacta donde había quedado varada la expedición. Latitud, longitud, elevación, fue lo que dijo. Nada más. Pasaron más de doce horas hasta que Marina, su mujer recibió el primer pedido de ayuda. Pero no fue hasta la tarde del martes que el grupo de auxilio comprendió la gravedad de lo que estaba pasando: “Estamos en el horno”, alcanzó a decir.

Todos quedaron helados. Merlín no sólo es uno de los guías más prestigiosos de la Argentina. Además, habla poco y nunca pierde la calma.

Carolina Codo, coordinadora del rescate, comprendió que había que actuar rápido. Mientras ella intentaba encontrar un helicóptero que rara vez llega a tiempo, un primer grupo de cuatro rescatistas partió en busca de los compañeros que habían quedado varados.

Pero para ese momento, la suerte de Corsalini ya estaba echada: sufría un cuadro severo de hipotermia y los intentos de los guías por reanimarlo no daban resultado.

La odisea había comenzado la noche anterior cuando una ráfaga hizo estallar la carpa donde dormían. Con la carpa se fueron las mochilas y la comida. En un segundo, todo quedó cubierto por la nieve. Merlín decidió refugiarse en una cueva. Pero poco a poco la nieve volvió a cubrirlos. Merlín alcanzó a hablar por teléfono. Le costaba hablar, se sentía abatido y decía que el aire se estaba acabando allí dentro.

Los montañistas dicen que es un segundo en que se decide dejarse caer o seguir. Es el segundo en que se resuelve la vida y la muerte. Merlín supo para donde quería inclinar la balanza y con uno de los esquíes que le quedaba empezó a cavar en la nieve. Estaba desesperado. Pero logró salir y siguió cavando. Sin saber donde buscaba, logró encontrar una mochila. Con una garrafa y algo de comida pudo atender a sus compañeros.

Pero todavía quedaba por delante otra noche más. Las conversaciones se volvían cada vez más angustiantes.

A las siete de la tarde del jueves, salió el primer grupo de cuatro rescatistas. Tardaron quince horas en hacer un trayecto para el que usualmente se necesitan 48. Llegaron al mediodía. Pero ni la ropa seca ni la comida caliente lograban reanimar a Corsalini.

Intentaron también trazar un círculo de anilina en la nieve por si el helicóptero llegaba pero fue en vano. El helicóptero que habían conseguido después de horas de llamados y llamados no podía acercarse a la zona y la nieve cubría en segundos el círculo de anilina.

A la tarde, llegó el segundo grupo con otros ocho rescatistas. En total, se movilizaron unas 35 personas divididas en cuatro grupos. Todos son integrantes de la Comisión de Auxilio formada por guías y vecinos que no cobran un peso por participar del operativo de rescate.

Hoy, todos ellos intentarán desafiar los remolinos de vientos que se forman en el Nunatak para regresar a casa.

El guía argentino
Jefe de la expedición
Edad: 34 años
Merlín Lipshitz
Nació en Bariloche. Vive en El Chaltén desde 1998. Escala hace 15 años.
Dirige Mountaineering Patagonia, la agencia contratada por el turista mexicano fallecido.

Su asistente, Damián Vilches, también espera para ser rescatado.

Fuente: Clarin
Por: M.Marques
milton@mxb.com.br