quinta-feira, 21 de abril de 2011

Crónica desde Pheriche. Conversación entre Edurne y Valery Babanov

Ángela Benavides acompaña al grupo de Edurne Pasabán en su camino hacia el Everest, y desde Pheriche nos envía una pequeña crónica de lo que está aconteciendo en la aproximación. Entre caminatas, monasterios y transmisiones transcurren los días. Se encuentran con el gran Babanov, trabajando de guía en el Ama Dablam, y tienen una interesante conversación con él

“La expedición Endesa –Edurne Pasaban Everest sin 02 transcurre de acuerdo a lo previsto. Tras descansar un día en Pheriche, mañana avanzaremos hasta Lobuche y, así, esperamos llegar al Campo Base el sábado, 16 de abril. Las tiendas esperan ya montadas, y el cargo habrá llegado también para cuando los expedicionarios pongan pie en la morrena.

Entre alpinistas, médico, equipo de producción de un documental para TVE, periodistas y unos amigos, formamos un grupo que no pasa desapercibido: por su número, por la ropa uniformada y serigrafiada de casi todos los componentes y, sobre todo, por el despliegue tecnológico que ponemos en marcha cada tarde. Llevamos con nosotros un generador que alimenta nuestros diez ordenadores portátiles, los router satelital, los transmisores masivos de datos, 13 cámaras, micrófonos… y todo lo necesario para convertir la sala común del lodge en que nos encontremos en una especie de puesto avanzado de la NASA.

Los grupos de trekking con que compartimos estancia nos observan entre la curiosidad y la suspicacia. Cierto es que no damos una imagen exactamente romántica de la aventura himalayística, pero por otro lado la tecnología nos permite compartir la expedición con cibernautas y televidentes (el programa sobre la expedición de Edurne comienza a emitirse desde el próximo domingo a las 21:00h en La2). Reconozco también que, como buenos españoles, tenemos un volumen de conversación que posiblemente llegue hasta el Campo 2. Que por cierto, en cuanto lleguen los nuestros, dejará de llamarse el Valle del Silencio.

Ésta es la etapa relajada de la expedición, mientras aclimatamos, disfrutamos del camino a ritmo de paseo. Solo hemos visto la pirámide cimera del Everest entre nubes, a lo lejos… Cuando lleguemos al campo base, la cascada de hielo del Khumbu nos mostrará la verdadera dimensión del objetivo. Todos sabemos a qué hemos venido, pero procuramos no agobiar a los alpinistas con preguntas que aún no tienen respuesta.

Sin embargo, las cuestiones trascendentes surgen sin aviso. Hace dos días nos cruzamos con el alpinista ruso Valery Babanov, una leyenda viva que parece no haber cambiado en los últimos diez años. Compañero de campo base de Edurne y sus compañeros en el Dhaulagiri, se mostró tan alegre como sorprendido de encontrar a la tolosarra. “¿Cómo es que has regresado al Himalaya Edurne?,” preguntó. “Una vez te oí decir que cuando terminases tu proyecto de los 14 ochomiles pasarías el resto de tu tiempo libre tumbada al sol en la playa. ¿Qué haces aquí otra vez?”

“Sí, debo de estar loca,” contestó Edurne, sólo medio en broma. Los demás preguntaron a Valery, que regresaba de guiar clientes en el Ama Dablam, si planeaba nuevas rutas y escaladas. El ruso, sin embargo, no parecía preocupado con ello. Según contó, se dedica a guiar en Chamonix, Canadá y el Himalaya, lo que le deja tiempo suficiente para ocuparse de su familia. “Ya he pasado muchos años escalando,” explicó. Según se ponía de nuevo en marcha, se volvió hacia Edurne y dijo sonriendo: “Recuerda, Edurne, que hay vida más allá de la escalada.”

Ángela Benavides

Foto cortesía www.edurnepasaban.net
Fuente: http://www.barrabes.com/revista/noticias/
Por: M.Marques
milton@mxb.com.br